SONNÖV. CABALLO PERDEDOR

SONNÖV me gustan. Y mucho. Aunque acaban de sacar a la luz este su CABALLO PERDEDOR, ya en los dos conciertos en los que les pude disfrutar (la versión playa y la versión alquitrán de LA CHOZA FEST), dos canciones de este su tercer trabajo llamaron desde el principio poderosamente la atención de mi rubia y vacía cabeza. Una fue la de losmilesdesenderosquellevanamilesdesenderos. La otra, esa que toda banda que se precie siempre tiene en su repertorio: “la nueva” (aunque ya sabía yo desde entonces que solo podía llamarse BUCÉFALO).

He de decir que la fuerza “Tounder” es potente en ellos. No porque nos dejen helados (no, eso, nunca) sino porque, al menos en lo que se refiere a esta vuestra descerebrá, Thurston J Girón junto a sus secuaces han hecho despertar el interés por bandas de rock instrumental como SÖNNOV que llevan ya sus añitos acarreando sus cacharricos varios a lo largo y ancho de esta piel de toro con sus estribillos tipo “Vamoooooooos”.

Sus conciertos también son su fuerte. Están llenos de imágenes que nos transportan desde los rascacielos y la miseria de Shanghai a las cadenas de producción infrahumanas de principios del siglo pasado (casi tan de mi época…), pasando por ese bosque que se consume como las estrellas y que, como todo, desaparece. Entiendo que las imágenes sean muy importantes para ellos. De hecho, los componentes de SÖNNOV, aunque pueda parecer que son cuatro, son realmente cinco, pues son muy de nosinmisvisuales.

Y ahora una preguntica os voy a hacer: ¿quién es capaz, ante ese indomable bajo que da comienzo a BUCÉFALO, evitar seguir escuchando el tema hasta el final?. Porque como bien sabe el del bajo y el referido corcel, no domina quien quiere, sino quien puede. Y si no, que se lo digan a Alejandro Magno. Pero aquí los versos se equivocan. O al menos quedan obsoletos: la televisión ya no es el evangelio. Ahora lo es twitter ¿qué no?. Al menos para las generaciones que nos pisan los talones (aunque a mí, de hecho, ya me están dando algo más que cariñosos empujones).

SUN UP, (la soleá o lo que tendría que haber sido realmente el nombre de esta banda y no el palabrejo Sönnov que nada tiene que ver con la película de los hermanos Marx), es el otro tema que me vuela mi media neurona. Insisto con lo de los miles de senderos que te llevan a miles de senderos. Escuchar esos versos acompañados de tan preciosista melodía y sus guitarritas in crescendo me apabulla. A veces me da muy buen rollo. Pero otras veces siento pánico en el túnel. Las opciones en la vida, como los acordes, como los senderos, efectivamenteysí son infinitos. Pero tienen su lado bueno y su lado malo. Puedes aprovecharlos. O puedes cagarla en todos y cada uno de ellos. Y así, según mi estado de ánimo, los miles de senderos a veces son mis amigos. En otras ocasiones me aturullan, me añusgo y me hunden en la más mísera de las miserias, sobre todo al final del tema cuando termina ahí, en tó lo alto, con toda esa tralla que, en estas ocasiones, se traduce en metralla.

BLUE NOTE me recuerda, porqueyolovalgo, mi paso por el homónimo templo del jazz. Allí, por casualidad, en el más conocido por “Buenas tardes, son30bucksmyfriend” nos quedamos to muñecos, viendo de medio lao, desde la lejanísima barra, el dibidudibididí del oído perfecto de Diane DEEDLES Schuur. Aunque yo no soy muy de jazzete, fue todo un lujazo y una lección más a aprender.Eso sí, los copazos que servían eran como para la Barbie (pero ¿a quién cojonas se le ocurre ponerle a un señor wiscacho una rodaja de lima?. Puagh). Pero a pesar de estos sin sabores, hay que trabajar siempre esa capacidad innata que aun nos queda de sorprendernos. Id a conciertos. Por favor. Aunque no sepáis ni quién va a tocar. Os sorprenderéis. Fijo. Tal y como me sorprendieron a mi estos SÖNNOV desde el minuto cero en el que les oí.

Otra preguntita y ya termino: ¿hay algo más sexy que el sonido de unos dedos deslizándose por el mástil de una guitarra? Pues así empieza SIETE LEGUAS. Y así quiero que siempre midan mis botas para seguir viajando por el mundo. Hace poco me preguntaban ¿cuándo descansas de tanto viaje? Y yo me digo: pero si no me canso ¿para qué descansar?. Un tren o un avión son el mejor lugar para mí: puedo hacer, sin interrupciones, las tres cosas que más me gustan en esta mi díscola vida (salvando las que se pueden hacer en una cama o debajo del mar): leer, escuchar música y escribir. Y además, en el destino, cuando llegas, siempre hay algún porqué que está esperando ser descubierto. La sorpresa. Otra vez ahí.

Efectivamenteysí me gustan las sorpresas. Y hacer viajes. Y que me los metan, también. SÖNNOV, con su banda sonora, me lo ponen siempre muy fácil. Hacedles caso a ellos y a Atreyu y gritemos todos juntos: ¡¡¡Vuela Fujur vuela, huyamos de la NADA¡¡¡.

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