AATHMA. DECLINE…TOWERS OF SILENCE

Sólo puede ser intrépido quien conoce el miedo pero lo supera; quien ve el abismo con orgullo. Quien ve el abismo con ojos de águila; quien con garras de águila se aferra al abismo; ése tiene valor“.  No, tranquilos, no me voy a retirar al monte cual Zaratustra a pergeñar mi profecía sobre la supergroupie. Pero éstas mis alhajas están últimamente de un chabacano subido y me he sentido en la necesidad de subir el nivel literario de este rubiblog como sea. Y qué mejor forma de hacerlo que con una gran cita de Nietzsche que es un valor seguro y, como no sé qué bebida espumosa y frejkita, donde va, triunfa.

Que no, que os he engañado, que esta tontuna viene porque lo de AATHMA es sobrenatural: ¿cómo se consigue juntar tanto pelazo al viento en tres personas humanas?. Ahora en serio: “DECLINE… TOWERS OF SILENCE” parece ser un álbum conceptual que gira en torno a las Torres del Silencio, monumentos funerarios de los seguidores del profeta Zoroastro. Y está claro que las referencias a Nietzsche me venían al pelo. By the way ¿a vosotros también os pasa que siempre tenéis que consultar la grafía correcta del susodicho cuando lo escribís? Me pasa lo mismo con Lietchenstein.  Al lío, que me voy. Según sus creencias, los cadáveres humanos son elementos impuros, que no deben contaminar la tierra, por lo que son trasladados hasta estos edificios mortuorios para que sean los buitres los encargados de devorar sus carnes y el sol blanquee sus huesos, hasta su absoluta desintegración. “Pero la espiral de progreso en la que nos encontramos está afectando irremediablemente a esta civilización, siendo estas ancestrales construcciones absorbidas por las ciudades, lo que se ve agravado con la casi total extinción de los buitres que antes cumplían esa función purificadora”. En opinión de la propia banda, ésta es la metáfora del auténtico sino del ser humano: la autodestrucción.

Pues cuando escucho éste su segundo disco soy capaz de, cual águila, encaramarme en una de esas torres, aferrarme al abismo junto a mi resaca, huir de algún que otro buitre que se haya podido colar en casa y purificarme al ritmo de un lentorro, espeso y pesadote doom de libro, marca de la casa AATHMA, en temas como Hole of death o Under the black waters.   Una se puede así relajar con el rollo Opeth (ojoaldato: la masterización del disco la ha llevado a cabo el suecales Jens Borgen) que se siente especialmente en un mítico y muy propiamente denominado Valley of doom.

Y eso que el gruñido no siempre me ha gustado. De hecho son ellos los que me han enseñado a amarlo. Porque son tan buena gente que pensé que algo bello tenía que haber en su música. Y después de escucharles -varias veces- he descubierto que efectivamenteysí, lo hay. Gracias a ellos el gruñido es mi amigo.

Alex es para mí uno de los bateristas másmejor que tenemos en esta nuestra Hispanistán. Y eso que yo tengo un contentar fácil con la debilidad manifiesta que tengo para con lo que viene siendo la columna vertebral de toda banda que se precie. Sus limpios zurriagazos, su contundencia timbalera y sobre todo su dramática y señorial ejecución en los conciertos le hacen merecedor de mi más sentido oletuscojonestreintaytres. El que en vez de “las pincitas” utilice sus dientes para buscar nuevos ritmos no le desmerece en absoluto.

Con el bajista D. Mario Greñudo, Rey del Tofu y la Coliflor sufro mucho siempre por su pelazo. Durante sus ejecuciones en esta y otras bandas siempre he temido que se quedase enredado en las cuerdas de su instrumento (el bajo, se entiende) pero en ocasiones, además  de ver grupos, he seguido con pavor como se enganchaba muy peligrosamente en los amplis que tenía en la espalda cada vez que le salía del mismísimo corazón esa su pose de aquiestoyquepasahí. Vamos, pa’ verse quedado tieso. Mira que se lo tengo dicho cienesdeveces pero ni caso: la próxima vez te me peinas como es debido o te me cortas el pelo, cojonas. O te estás quietoparao que tampoco pasa nada.

Juan, siempre certero y comedido, atrona y tremola a partes iguales con su voz a lo largo de todo el disco. Es capaz de transmitir todo lo negro: destrucción, desesperación, invierno, frío, abismo, agujero. Pero en un momento dado, cuando canta con su registro más dulce, siempre nos deja ver un tenue rayo de luz, un atisbo de esperanza. Y te deja topizcueto. Para prueba: A good returns.

Y cito aquí otra vez al mangurrián de antes pues habrá que aprovechar la ardua búsqueda en el wikiquote que me he marcado: «Todo logro, todo paso hacia adelante en el conocimiento, se sigue de la valentía, de la dureza contra uno mismo, de la limpieza en la relación con uno mismo… Nitimur in vetitum” [luchamos por lo prohibido]». ¡¡¡¡Coñé es que estoy metiendo hasta expresiones en latín¡¡¡¡. Así que a mí, hacedme el favor de no llevarme para esas tan siniestras y sin embargo purificadoras torres con los buitres, que me quiero seguir quedando por aquí, que me lo he ganado. Y si puede ser escuchando el arrullo de mares vacíos, mejor.

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